
La palabra albañil (del árabe vulgar al-banní, y éste del árabe clásico al-banna’, el que construye o edifica) se refiere a la persona que realiza indistintamente trabajos básicos de
construcción, como alzado de muros, paredes y tapias, colocación de
cubiertas y canalizaciones de fluidos sin presión, apertura de zanjas, llenado y nivelado de encofrados con
hormigón, preparación de
cemento y otras tareas de obra no especializadas.
También se refiere a aquel que se dedica a
trabajos forzados.
Antiguamente, al menos hasta el S. XIX, el oficio de albañilería era un oficio gremial. Para pertenecer a él, el candidato debía ser presentado por un miembro y ser aceptado formalmente como aprendiz. Una vez dentro del gremio podía conseguir distintos grados hasta llegar a maestro, que ya tenía una consideración social importante. El
Maestro de Albañilería era el responsable de la ejecución de las obras, supervisado únicamente por el
arquitecto.